La romanización es el proceso de asimilación
cultural que tuvo
lugar en la mayor parte de Europa occidental y los Balcanes en la
antigüedad, por el cual numerosas regiones bajo el poder político de Roma adoptaron sus instituciones, costumbres,
organización social y su lengua. El proceso tuvo lugar principalmente entre el
s. II a. C. y principios del siglo III d. C. y en diferentes regiones se dio en
momentos diferentes. Además de la lengua, las élites adoptaron frecuentemente
las formas exteriores distintivas de los romanos, vestido, estilo, religión,
costumbres formales, etc.
En las diversas regiones donde se dio
una romanización, se produce en
diferentes fases de manera progresiva:
1. Adopción del latín,
primero en la administración y por parte de las élites. Frecuentemente los
hijos de las élites eran enviados a Roma para conocer la capital y aprender
bien la lengua, así como para relacionarse con personas influyentes.
2. Las costumbres: ropas, arquitectura, mercancías, moneda, objetos
de comercio, etc.
3. Las religiones
existentes en Roma, tanto la propia como las orientales: cultos a Cibeles, Mitra y Jesús.
4. Adopción de bienes materiales
romanos e introducción de las materias primas y tecnologías necesarias para
producirlo. Adopción de la moneda y el sistema de unidades de medida romano,
etc.
5. Adopción progresiva
del latín por parte de los estratos populares y las áreas rurales.
6. Aceptación
generalizada del derecho romano.
7. Abandono definitivo de
ciertos elementos autóctonos y homogeneización de la cultura material con la
metrópoli romana.
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